Posted: September 19, 2010 in Poesía

La oscuridad no alcanza

a opacar la pregunta

que brilla aún con más fuerza

y es un tajo en las víceras,

un efluvio de sangre

un ancho agujero

por el que las certezas huyen.

La sintaxis de la duda

descompone mi cuerpo

búcaro quebrado

que deja pasar el frío.

Temerosa,

me retraigo hasta la médula

ahí, en el centro,

tengo un ojo tuyo.

Sentencia del deseo

prisma de mis ansias

acantilado para despeñar

de manera segura.

La respuesta

-salvación-

no responde.

La entrego,

suplico a cambio

un roce exiguo,

una onomatopeya fugaz,

medio dedo o media uña,

un verbo en subjuntivo,

una letra de tu nombre.

Y andar tan abajo

como sea posible

hasta rozar la tierra con los labios.

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